Marco Gonzalez
La única razón por la que me sentía (nos sentíamos) parte de la familia no tenía que ver con lazos de sangre ni con el apellido. Mi tía, y mi tío, me acogieron (nos acogieron) como si fuera (fuéramos) uno de los suyos. Me trataron (nos trataron) con el mismo cariño con el que me trataban (nos trataban) mis propios padres.
Este recuerdo siempre me ha acompañado y me acompañará hasta el fin.






